El centro de la ciudad era realmente hermoso, con una enorme plaza rodeada de preciosos edificios coloniales, como la gran catedral rosa.
Esta catedral fue consagrada en 1878 y alberga las cenizas del General Martín Miguel de Güemes, salteño y héroe de la independencia.
Alberga las estatuas del siglo XVI de la Virgen María y el Cristo del Milagro, que fueron arrastradas a la orilla cuando el barco español que las transportaba naufragó.
Caminando por el interior, sentí que el ambiente era muy tranquilo. Me asombraron sus magníficos frescos y sus impresionantes vidrieras.
Es un monumento nacional desde 1942, y luce espectacular cuando se ilumina al anochecer.