En el interior de las murallas de Ávila, perfectamente conservadas, el visitante se ve transportado a otro mundo. O mejor dicho, a otra época. Las antiguas murallas albergan obras maestras del pasado -iglesias románicas, conventos medievales y palacios renacentistas- en un entorno en el que siempre es emocionante pasear sin rumbo. Por eso, por la extraordinaria riqueza monumental y el particular ambiente, Ávila en España es una de las ciudades más fascinantes del país y una de las incluidas por la UNESCO entre los Patrimonios de la Humanidad. Una excelencia que tiene una larga y noble historia: durante la Edad Media, Ávila, en España, fue disputada entre moros y cristianos hasta la reconquista por Alfonso VI en 1085. Muchas familias nobles se asentaron aquí a principios del siglo XI y esta llegada de personajes de alto linaje cambió la fisonomía de la ciudad: con sus numerosos palacios aristocráticos, la ciudad pasó a ser conocida como Ávila de los Caballeros. Pero no se trata sólo de un legado histórico o arquitectónico: el punto álgido del esplendor de Ávila se alcanzó en el siglo XVI, cuando el gran legado místico de Santa Teresa de Jesús la convirtió en un importante destino de peregrinos. Historia, espiritualidad, piedras milenarias, pero también naturaleza: el entorno natural contribuye a hacer de éste un lugar extraordinario, ya que la ciudad se levanta en una meseta aún más impresionante por el entorno de la Sierra de Gredos. Ávila, a unos 60 minutos en coche de Madrid, conserva un legado histórico único y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985. Sus famosas murallas medievales de 2,5 km de longitud están jalonadas por 88 torres y 9 puertas, siendo la Puerta de San Vicente y la Puerta de Alcázar las más impresionantes de las que custodian el bastión defensivo románico. Se puede recorrer todo el perímetro de las murallas por el lado exterior.
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Ávila y sus espléndidas murallas medievales
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